Share This Article
El International Court System fue fundado en San Francisco en los años 60 por José Sarria, el primer candidato político abiertamente gay en los Estados Unidos
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine
Puerto Rico está a las puertas de un hecho que no es simple protocolo ni una ceremonia más en la agenda cultural. Este viernes, 12 de septiembre, a las 9:00 de la noche, en la sala de teatro de la Iglesia Luterana de la Transfiguración, se llevará a cabo la imposición de títulos y reconocimientos de la Corte Imperial. Será con la presencia de sus Altezas Reales, la Reina Nicole y el Rey Terry Sidie, quienes encabezarán la velada con su entrada oficial, marcando el inicio de una nueva etapa en la Isla.
El otorgamiento de estos títulos comienza a delinear el camino hacia la consolidación de la Corte en Puerto Rico, que se suma así a una red de más de 70 cortes establecidas en Estados Unidos, México y Canadá, bajo el histórico legado del International Court System, fundado en San Francisco en los años 60 por José Sarria, el primer candidato político abiertamente gay en los Estados Unidos.
Pero lo que ocurre este viernes va mucho más allá del acto ceremonial. Cada título otorgado encierra un compromiso, cada reconocimiento se convierte en una promesa de servicio y de acción social, y cada paso de esta corte en la Isla representa una voz que se levanta frente a la indiferencia. No se trata de coronas vacías ni de tronos lejanos, sino de un movimiento que ha sabido transformar símbolos en herramientas de resistencia, apoyo comunitario y solidaridad.
En tiempos cuando la comunidad LGBTQ+ enfrenta retrocesos, ataques y un clima que amenaza derechos conquistados, la instalación de una corte en Puerto Rico adquiere un significado profundo. Habla de dignidad y de la necesidad urgente de espacios que unan fuerzas, que acompañen a los más vulnerables, que tiendan la mano a quienes han sido marginados y que muestren, en medio de tanta hostilidad, que todavía hay lugar para la empatía y la humanidad.
Lo que comienza este viernes no es solo una ceremonia. Es la siembra de un proyecto que pretende unir voluntades, canalizar esfuerzos y devolver a la sociedad el mensaje de que la verdadera realeza no está en cetros de oro, sino en la capacidad de servir, en el compromiso de acompañar y en la decisión de no rendirse ante la indiferencia.
Puerto Rico tendrá corte, sí. Pero sobre todo tendrá un recordatorio: que la corona más valiosa no se ve, porque se lleva en el corazón de quienes creen que la solidaridad es el acto más noble y la humanidad la corona que jamás se debe perder.
