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Este aniversario, entonces, no es solo conmemoración. Es advertencia
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Eduardo Cintrón Torres, para Pride Society Magazine
Han pasado diez años desde que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos reconoció el derecho al matrimonio igualitario, y todavía recuerdo con nitidez la sensación agridulce de aquel día. Fue una victoria, sí, pero no una conclusión. Fue una apertura, no una llegada. Una grieta en la puerta cerrada de la desigualdad. Una grieta que, si no se vigila, vuelve a cerrarse.
En estos días he pensado mucho en mi pareja y en mí. No solo porque nuestra historia encarna esa conquista legal que tantos soñamos, sino porque la vida conjunta es un acto diario de resistencia, una manifestación constante de que el amor entre personas del mismo sexo también es un compromiso político, emocional y profundamente humano.
Pero lo que más me conmueve no es estar casado con Bryan Negrón Quiñones, sino que hemos decidido convertir esta unión en un espacio de lucha colectiva. Desde el trabajo clínico, social, educativo y artístico, hemos hecho lo que tantas veces el Estado nos ha negado: crear comunidad, cuidar al otre, afirmar lo que otros se empeñan en negar. El trabajo con Royal Beauty Inc. y Psico-Colectivo no es asistencialismo; es militancia afectiva, es crear futuro desde el presente.
Y sin embargo, aquí estamos. Diez años después, con un proyecto de ley —el nefasto PS 350— que criminaliza precisamente lo que personas nosotros nos hemos dedicado a construir: espacios seguros, cuidados afirmativos, salud mental digna para nuestras juventudes trans. Que en pleno 2025 se proponga cárcel para profesionales de la salud que acompañen a personas trans con amor y ciencia, solo demuestra que el odio no duerme.
Este aniversario, entonces, no es solo conmemoración. Es advertencia.
Porque mientras celebramos lo que se ganó en 2015, debemos mirar de frente todo lo que aún está en riesgo. El derecho al matrimonio fue apenas el comienzo. No basta con amar en lo privado si se nos niega la posibilidad de vivir en lo público con dignidad. No basta con existir si a nuestra niñez trans se le arrebata el derecho a ser, a sanar, a imaginarse completas.
Diez años después, lo que toca no es nostalgia. Toca resistencia. Toca seguir diciendo “seguimos aquí”, no como consigna vacía, sino como afirmación encarnada. Seguimos aquí… cuidándonos, educándonos, organizándonos. Seguimos aquí… no porque el sistema nos lo permita, sino porque nos lo debemos. Seguimos aquí… y no nos iremos.

