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El caso del presidente Biden expone las fallas estructurales en el diagnóstico de cáncer de próstata en personas trans, intersexuales y hombres gay
NUEVA YORK, NY
Servicios Combinados
El reciente diagnóstico de cáncer de próstata del presidente Joe Biden ha provocado preocupación y ha puesto sobre la mesa un tema poco discutido pero urgente: los riesgos y vacíos en el diagnóstico temprano de este tipo de cáncer entre personas LGBTQ+, particularmente mujeres trans, hombres gay, personas no binarias e intersexuales.
El pasado domingo, la oficina personal del presidente emitió un comunicado anunciando que Biden fue diagnosticado con cáncer de próstata con metástasis en los huesos, identificado tras síntomas urinarios progresivos. El informe médico describe un cáncer agresivo con una puntuación de Gleason de 9, pero sensible a hormonas, lo cual permite un tratamiento efectivo.
Aunque el Biden se había retirado de la contienda electoral meses antes, su último examen físico, en febrero de 2024, lo describía como un hombre de 81 años “saludable y robusto”. No se mencionaron preocupaciones sobre sus niveles de antígeno prostático específico (PSA), la principal prueba para detectar irregularidades en la próstata. Sin embargo, expertos advierten que este tipo de cáncer puede avanzar de forma silenciosa, especialmente en personas de comunidades marginadas que enfrentan barreras en el acceso a una atención médica culturalmente competente.
¿Qué es el cáncer de próstata?
El cáncer de próstata se origina en una pequeña glándula ubicada debajo de la vejiga, encargada de producir parte del semen. Afecta principalmente a personas asignadas como varones al nacer. Según la Clínica Mayo, es uno de los cánceres más comunes y, detectado a tiempo, suele tener buen pronóstico. La severidad del cáncer se determina a través de la puntuación de Gleason, un sistema que evalúa las células cancerosas en una biopsia. Cuanto más alta la puntuación (en una escala de 6 a 10), mayor la agresividad y capacidad de propagación del tumor. Las particularidades del cáncer de próstata en la población LGBTQ+.
El diagnóstico de Biden ha reavivado una conversación médica crucial: el cáncer de próstata no afecta solo a hombres cisgénero heterosexuales. Hombres gay, mujeres trans (aun después de una vaginoplastia), personas no binarias e intersexuales también pueden tener próstata, y por ende, riesgo de cáncer. Sin embargo, estas poblaciones suelen quedar fuera de los protocolos clínicos estándar. “Las mujeres trans en terapia hormonal con estrógeno tienen niveles muy bajos de PSA, lo que puede enmascarar la presencia de cáncer”, explicó el Dr. Stephen Freedland, urólogo en el Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles.

Un estudio publicado en JAMA en 2024 reveló que el nivel promedio de PSA en mujeres trans es de 0.02, en comparación con 1.0 en hombres cisgénero de edad similar. Por tanto, usar el umbral tradicional de 4.0 para detección podría ser peligroso en pacientes trans. Las nuevas guías clínicas en EE.UU. sugieren un umbral diez veces más bajo para estas personas.
Invisibilidad médica: una amenaza real
Kelly Haviland, enfermera especializada en oncología y atención LGBTQ+, advierte que la falta de conocimiento clínico es una barrera mortal. Muchos proveedores no saben cómo examinar la próstata en mujeres trans postoperatorias, aunque sigue siendo accesible en la pared anterior de la neovagina. “Simplemente no saben que deben buscarla. O asumen que no hay próstata por la transición”, señaló Haviland. La situación se agrava para personas intersexuales, muchas de las cuales podrían tener próstata sin saberlo, debido a intervenciones quirúrgicas tempranas o falta de información médica. Si no se pregunta directamente por los órganos que posee una persona, se pierde la oportunidad de hacer pruebas preventivas.
Silencios que afectan la calidad de vida
Incluso para hombres gay, el tratamiento del cáncer de próstata puede tener efectos que rara vez se discuten: pérdida de sensibilidad anal, disfunción eréctil o alteraciones en el eyaculado. “No se habla de cómo los tratamientos afectan la penetración o el placer”, lamentó Haviland. “Esto deja a muchos pacientes sintiéndose avergonzados o aislados”. Al Asante-Facey, especialista en salud LGBTQ+ del Memorial Sloan Kettering, coincide en que sin datos sobre orientación sexual e identidad de género en los historiales médicos, no hay forma de saber cuántas personas LGBTQ+ están en riesgo, ni cómo mejorar su atención.
La importancia del cuidadp temprano
Se recomienda iniciar la prueba de PSA alrededor de los 40 años, especialmente si hay factores de riesgo. No tiene que hacerse anualmente, pero establecer un nivel base a esa edad puede salvar vidas. “Todo comienza con una relación de confianza con un proveedor que vea al paciente como un ser humano completo”, subrayó Asante-Facey.
Sin investigación, no hay prevención
Los expertos también alertan sobre los recortes recientes a fondos de investigación médica impulsados por el presidente Donald Trump y su secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., lo que pone en peligro avances como los que hoy permiten un mejor tratamiento al presidente Biden. “Sin investigación no hay detección. No hay tratamiento. Recortar fondos es borrarnos del mapa”, sentenció Haviland.
