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Porque la verdad no puede tener dueño. Ni en Cuba bajo la izquierda totalitaria, ni en Puerto Rico bajo gobiernos que actúan con la arrogancia de una derecha que copia los vicios de la extrema izquierda
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine
El artículo de la periodista y Editora Jefe de Bonita Radio, Carmen Enid Acevedo, titulado “Punzante, incisiva y necesaria mirada al periodismo puertorriqueño” en esta plataforma, abre una ventana necesaria para discutir la fragilidad de la libertad de expresión en contextos en donde el poder se siente dueño de la verdad. Acevedo denuncia cómo, en Puerto Rico, desde posiciones de liderazgo se desplazan periodistas para dar lugar a políticos y voceros partidistas que convierten los medios en plataformas de propaganda. Lo describe con crudeza: cuando el periodismo no se hace bajo la sombra de quienes gobiernan o de quienes conviven con ellos, se busca acallarlo.
Ese análisis conecta profundamente con lo que hemos vivido quienes hemos ejercido el periodismo independiente en Cuba. Allá, la censura fue directa, explícita y violenta, y aún hoy esa misma historia continúa. Desde un blog, un periódico artesanal o apenas 140 caracteres en Twitter —hoy X—, sabíamos que cada palabra podía significar represión, vigilancia o prisión. Era y sigue siendo el Estado el que decide qué se publica y qué no, y quien se atreva a desafiarlo lo hace a costa de su libertad.
Cuando cosas como estas suceden, me vienen a la mente las vidas de quienes fueron expositores del periodismo independiente en Cuba. Personas que quedaron totalmente al descubierto, expuestas junto a sus familias, perseguidas en lo íntimo de sus hogares para chantajearles. Muchos vieron sus bienes confiscados, el acceso a Internet prohibido, sus líneas telefónicas intervenidas. Historias silenciadas que retratan la crueldad de un poder que no soporta la verdad.
Y cuando traigo todas estas historias a mi memoria, me cuesta trabajo imaginar que muchas veces, al salir de nuestros países, lo hacemos con la esperanza de alcanzar la libertad, de encontrar ese sueño de democracia que tanto nos negaron. El golpe más duro es descubrir que incluso en territorios que se proclaman libres, el periodismo sigue siendo vulnerable, acosado y desplazado, aunque bajo otras formas más sutiles.
Lo que sorprende es encontrar ecos de esa misma dinámica en territorios en los que se presume libertad democrática. Como bien me recordaba un colega hace poco, no se trata de izquierda ni de derecha, sino de quienes ejercen el poder desde la tentación autoritaria. Porque también desde gobiernos de derecha —que se auto proclaman defensores de libertades— se levantan muros contra el periodismo libre, imitando la rigidez y el dogmatismo de la peor izquierda extrema.
La censura cambia de rostro, pero no de esencia. En Cuba, la mordaza fue impuesta por un régimen de partido único. En Puerto Rico, se intenta disfrazar bajo contratos millonarios, manipulación mediática y el desplazamiento de voces críticas para dar paso a opinadores con credenciales partidistas. El resultado es el mismo: un pueblo sin acceso a información veraz y un periodismo que, si quiere ser libre, debe ser independiente del poder.
El desafío que nos plantea Acevedo es claro: si en un país libre se permite que la prensa sea colonizada por los partidos, entonces la libertad de expresión se convierte en un derecho de papel. Y nuestra tarea —como comunicadores, periodistas, blogueros o voces que resisten— es seguir insistiendo en que sin prensa libre no hay democracia posible.
Porque la verdad no puede tener dueño. Ni en Cuba bajo la izquierda totalitaria, ni en Puerto Rico bajo gobiernos que actúan con la arrogancia de una derecha que copia los vicios de la extrema izquierda.

