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Porque no hay corona más digna que la de quienes han sobrevivido y siguen luchando. Porque las verdaderas reinas no habitan tronos, sino trincheras. Y porque el futuro también necesita brillar…
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine
Muchos lo desconocen, pero existe una monarquía viva en las Américas. No se encuentra en palacios, sino en salones comunitarios, escenarios de cabaret, pasillos de hospitales y casas humildes donde alguna vez alguien abrió la puerta y ofreció comida, abrazo y refugio. Es la realeza de quienes han resistido con tacones altos, maquillaje intacto, voz firme y alma desgarrada. Una corte de emperatrices, reyes y princesas LGBTQ+ cuya autoridad no proviene del linaje de sangre, sino del linaje del dolor, del activismo y del amor incondicional. Y hoy, esa corona invisible ha llegado oficialmente a Puerto Rico.
La noticia, anunciada por el despacho de Su Majestad Reina Madre 1 de las Américas, Nicole La Grande, confirma la creación de la Corte Imperial de Puerto Rico como parte del histórico International Court System (ICS), una red internacional nacida en San Francisco en la década del 60 y fundada por José Sarria, figura emblemática del movimiento LGBTQ+ estadounidense. Sarria, quien fue la primera persona abiertamente gay en postularse a un cargo público en EE.UU., entendió que el poder también podía construirse desde los márgenes, y así nació esta estructura real simbólica que con los años se convirtió en una de las organizaciones LGBTQ+ más longevas, diversas y activas del continente.
Hoy existen más de 70 cortes imperiales en Estados Unidos, Canadá y México. Cada una liderada por personas electas dentro de la comunidad queer que se comprometen, mediante títulos de nobleza simbólica, a servir a sus comunidades a través de eventos artísticos, galas benéficas y acciones filantrópicas concretas. Lejos de la frivolidad, estas coronas han recaudado millones de dólares para ayudar a personas con VIH, juventudes sin hogar, adultos mayores LGBTQ+ y sobrevivientes de violencia. Ahora, Puerto Rico se une oficialmente a ese linaje.
El anuncio llegó pocos días después de un momento profundamente emotivo: el reconocimiento, en la ciudad de Nueva York y desde Stonewall, de la figura de Mami Ruddys Martínez, una mujer trans puertorriqueña cuya vida marcó generaciones. Activista, madre comunitaria, cuidadora, defensora de los olvidados, Mami Ruddys fue esa voz que nunca se apagó aun cuando el mundo le cerró tantas puertas. Su nombre fue honrado por la misma organización que ahora impulsa la corte en Puerto Rico. En representación de la Fundación Ruddys Martínez, viajaron a la ceremonia sus hijos Joe Alameda, Luis Daniel Quezada, Catalina Tyrrell y Nathalie Verkwistend, esta última diseñadora puertorriqueña radicada en la diáspora. Fue un acto de memoria, de justicia, de continuidad.
Pero la historia no termina ahí. Una semana después, representantes imperiales llegaron a Puerto Rico y sostuvieron reuniones con activistas locales, líderes comunitarios y dueños de bares. Las embajadoras reales DIOSA y VENUS encabezaron la visita oficial. En septiembre, la Reina Madre Nicole La Grande y K.F. 1 Terry regresarán para finalizar la Royal Charter (Carta Real) que será presentada oficialmente el 1 de noviembre durante la Gala del 60º Aniversario de la Corte Imperial en Palm Springs, California. La primera coronación real en la isla está programada para 2026. Puerto Rico tendrá su propia corte, sus propios títulos reales y, sobre todo, su propia narrativa dentro de esta red de dignidad y resistencia.


Para quienes no están familiarizados con este mundo, podría parecer exagerado hablar de coronas y reyes. Pero para quienes conocen el hambre, el rechazo, la discriminación y el estigma, saberse reina es saberse viva. Saberse rey es saberse merecedor de amor. Y saberse corte es saberse comunidad.
Joe Alameda, presidente de la fundación que honra a su madre y uno de sus hijos, fue consultado sobre qué mensaje daría hoy Mami Ruddys a las nuevas generaciones, especialmente frente a los discursos de odio y las políticas que buscan revertir derechos conquistados. Su respuesta estremeció: “Ella nos diría que no tengamos miedo. Que el miedo es lo que ellos quieren. Nos llamaría a organizarnos, a cuidarnos, a hablar, a protegernos. A que nadie nos haga dudar de nuestro valor ni de nuestra humanidad. Para ella, la resistencia no era una opción, era un deber. Un legado. Y si algún día sentimos que no podemos más, que cerremos los ojos y recordemos todas las veces que nos dijeron que no íbamos a llegar… y mírense ahora. Somos historia viva. Somos familia. Y mientras haya una sola mariposa alzando vuelo, nunca podrán encerrarnos.”
Este no es solo un anuncio institucional. Es una provocación a la curiosidad, un acto de visibilidad, una invitación a conocer más. ¿Quién fue José Sarria? ¿Qué es realmente la Corte Imperial? ¿Quién fue Mami Ruddys y por qué su legado aún arde en tantos corazones? La historia LGBTQ+ está llena de capítulos que nos fueron negados. Este es uno de ellos, y apenas comienza a escribirse.

En una época donde los derechos parecen tambalearse y el odio intenta organizarse, la Corte Imperial no aparece como adorno, sino como declaración. Y Puerto Rico, con toda su diversidad y su herida colonial, merece también su lugar en esta realeza del alma. Porque no hay corona más digna que la de quienes han sobrevivido y siguen luchando. Porque las verdaderas reinas no habitan tronos, sino trincheras. Y porque el futuro también necesita brillar.
