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Para quienes no conocen el funcionamiento de estas cortes, todo esto podría parecer solamente una noche de elegancia, teatralidad y espectáculo
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, Pride Society Magazine
Por años en Puerto Rico se ha escuchado hablar del International Imperial Court System. Mucha gente ha visto fotografías cargadas de coronas, piedras, maquillaje, capas, trajes exuberantes y vestidos que parecen moverse entre el teatro, el cabaret y la fantasía. Algunos observan ese universo con admiración, otros con curiosidad y también están quienes todavía lo miran como algo lejano o difícil de comprender. Sin embargo, una cosa es contemplarlo desde afuera y otra muy distinta es conocer la historia que existe detrás de cada título, cada ceremonia y cada corona.
Lo que Puerto Rico verá el próximo mes de junio no será solamente una gala ni un evento social lleno de brillo. La coronación de Caribbean Royalty y sus emperadores marcará oficialmente el nacimiento de un nuevo capítulo incorporado al sistema internacional de cortes, una de las estructuras comunitarias y filantrópicas más visibles dentro de la historia LGBTQ+ contemporánea.
Y quizás ahí comienza precisamente la parte que muchas personas aún desconocen.
El sistema imperial no nació para entretener públicos ni para fabricar personajes extravagantes. Surgió en medio del discrimen, de las redadas policiales, de la humillación pública y de años en que miles de personas LGBTQ+ aprendieron a sobrevivir escondiéndose para no perder el trabajo, la familia o hasta la vida. Fue en ese contexto que José Sarria decidió transformar la visibilidad en resistencia y construir espacios donde quienes habían sido empujados al margen pudieran sentirse vistos, respetados y orgullosos de existir.
Con el paso de los años aquellas coronas dejaron de ser simples adornos para convertirse en símbolos ligados al activismo, al trabajo comunitario y a la filantropía. Detrás de las ceremonias comenzaron a surgir campañas de recaudación de fondos, ayudas para personas enfermas, apoyo a pacientes durante la crisis del VIH y SIDA, acompañamiento a jóvenes expulsados de sus hogares y redes humanas que sostuvieron a muchísimas personas cuando casi nadie más quería hacerlo.
Por eso reducir el sistema de cortes a un grupo de personas vestidas de gala sería desconocer la profundidad de la historia que existe detrás de esa tradición.
La coronación de Caribbean Royalty no representa una fantasía desconectada de la realidad. Representa la incorporación oficial de Puerto Rico a una estructura internacional que durante décadas ha unido arte, visibilidad política, compromiso comunitario y acción cívica dentro y fuera de Estados Unidos.
Aunque junio marcará oficialmente el nacimiento de este nuevo capítulo en la Isla, el camino hacia ese momento comenzó a delinearse desde septiembre del pasado año con la imposición de títulos y reconocimientos de la Corte Imperial en Puerto Rico, ceremonia que contó con la presencia de Sus Altezas Reales Nicole Murray Ramírez y Terry Sidie. Aquella visita abrió paso a lo que ahora terminará concretándose con la coronación oficial de Caribbean Royalty y la integración de Puerto Rico a una red compuesta por más de setenta cortes establecidas en distintas ciudades de Estados Unidos, México y Canadá.
Eso transforma completamente la relación de Puerto Rico con esta historia.
A partir de junio la Isla dejará de observar el sistema imperial desde la distancia para comenzar a escribir su propio capítulo dentro de esa tradición internacional. La ceremonia reunirá invitados y representantes de otras cortes ya establecidas dentro del sistema imperial, junto a la presencia de Nicole Murray Ramírez, la Reina Madre, y del Rey Padre John Ribson, figuras reconocidas internacionalmente dentro de esta tradición comunitaria y filantrópica.
Para quienes no conocen el funcionamiento de estas cortes, todo esto podría parecer solamente una noche de elegancia, teatralidad y espectáculo. Sin embargo, quienes han vivido de cerca esta historia saben que detrás de cada coronación existe una larga tradición de acompañamiento humano, recaudación de fondos, visibilidad política y trabajo comunitario sostenido durante décadas.
Puerto Rico no será únicamente escenario de una coronación. Puerto Rico comenzará oficialmente a formar parte de una historia internacional que ha servido de refugio, comunidad y plataforma de visibilidad para miles de personas LGBTQ+ durante generaciones enteras.
No voy a negarlo. Me emociona profundamente ver a esta Isla entrando oficialmente en esa historia. Me emociona pensar que Puerto Rico también ocupará su lugar dentro de una tradición que aprendió a transformar el arte, el espectáculo y la celebración en herramientas de solidaridad, presencia pública y compromiso social.
Porque más allá de las lentejuelas, de las coronas y de toda la teatralidad que pueda llamar la atención desde afuera, lo que Puerto Rico está a punto de coronar es una historia profundamente humana de resiliencia, dignidad y comunidad que merece ser conocida antes de ser juzgada.

