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El discurso político reduce vidas humanas a propaganda, ocultando historias de resistencia, asilo y sobrevivencia
NUEVA YORK, NY
Servicios Combinados
Los discursos sobre inmigración en la política y los medios de comunicación se centran casi exclusivamente en la frontera sur de Estados Unidos. Desde allí, el actual presidente norteamericano Donald Trump ha recurrido a imágenes racistas que retratan a supuestos pandilleros mexicanos invadiendo el país, a carteles sudamericanos traficando drogas y a inmigrantes negros comiendo gatos y perros en territorio estadounidense.
Esa narrativa es indignante y repulsiva. En distintos momentos, la mayoría de las personas indocumentadas en Estados Unidos no cruzaron ilegalmente la frontera, sino que permanecieron en el país tras vencer sus visas. La mayor parte del fentanilo que entra al país lo introducen ciudadanos estadounidenses, no extranjeros. Además, los inmigrantes cometen delitos a una tasa mucho menor que los ciudadanos nacidos en Estados Unidos. Y sobre los rumores de gatos y perros se ha reconocido que esa historia es falsa.
Ambos partidos principales en Estados Unidos han tratado por décadas a los inmigrantes como fichas de cambio en un interminable juego político que deja vidas en suspenso dentro de un laberinto burocrático donde la residencia legal y la ciudadanía permanente dependen de quién ocupe la Casa Blanca en determinado momento.
El resultado es una visión completamente distorsionada del fenómeno migratorio. La gran mayoría de las personas que cruzan desde el sur son solicitantes de asilo que huyen de la persecución. Los inmigrantes indocumentados aportan más de 16 mil millones de dólares al año al Seguro Social y a Medicare —sin recibir beneficios a cambio—, y numerosos estudios confirman que la inmigración impulsa la creación de empleos y la disponibilidad de vivienda, pese a las versiones contrarias.
Lo que rara vez aparece en estas discusiones son las voces de los propios inmigrantes, en particular las de personas LGBTQ+ y de regiones fuera del continente americano. La conversación pública suele ofrecer un relato político contemporáneo, desprovisto de contexto histórico y saturado de mensajes xenofóbicos, sin espacio para quienes defienden la dignidad y los derechos constitucionales de las personas migrantes.
Este mes, el medio estadounidense LGBTQ Nation buscó corregir ese vacío con una edición especial titulada “Las historias no contadas de la migración queer”, dedicada a amplificar voces marginadas y rescatar los contextos históricos que ayuden a entender la verdadera complejidad del tema.

Una de las primeras historias de esta edición incluye una entrevista con la congresista Emily Randall (D-Washington), quien comparte sus observaciones en un centro de detención de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y explica por qué los derechos de las personas migrantes deberían importar también a la ciudadanía no migrante.
La historia principal dialoga con activistas y refugiados vinculados a Rainbow Railroad, una organización sin fines de lucro que ayuda a reubicar personas LGBTQ+ perseguidas en el mundo. Otro reportaje revisita el histórico caso de 1975 entre Richard Adams y Tony Sullivan, la primera pareja gay binacional en demandar al gobierno de Estados Unidos para que reconociera su matrimonio con fines migratorios.
La serie también comparte los testimonios de refugiados africanos e iraquíes sobre su huida, reasentamiento y búsqueda de asilo en Estados Unidos. Una entrevista con el Black LGBTQIA+ Migrant Project profundiza en los retos y necesidades específicas de las personas migrantes de la diáspora africana.
El especial explora además el componente cultural de la migración: desde celebridades trans y no binarias que luchan contra las políticas discriminatorias de pasaportes impuestas por la administración Trump, hasta documentales que examinan la experiencia queer migrante y los efectos del desplazamiento forzado por el cambio climático en comunidades LGBTQ+.
Muchas de estas historias probablemente quedarían en el olvido o pasarían bajo el radar. Por eso, la publicación se propone amplificarlas: para ofrecer una mirada más humana y profunda a un problema complejo, y para celebrar la resistencia, la dignidad y la fuerza de una comunidad que, dentro y fuera de Estados Unidos, sigue transformando su historia.

