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Hablar hoy de la actual presidenta de la Universidad de Puerto Rico obliga a mirar mucho más atrás de su llegada a la presidencia universitaria
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, Pride Society Magazine
Hay figuras públicas cuya trayectoria parece construirse desde una línea coherente, casi predecible. Otras, en cambio, avanzan dejando detrás una sensación de transformación constante, como si cada escenario político, académico o institucional revelara una versión distinta de sí mismas. La historia pública de Zayira Jordán Conde parece habitar precisamente dentro de esa tensión.
Hablar hoy de la actual presidenta de la Universidad de Puerto Rico obliga a mirar mucho más atrás de su llegada a la presidencia universitaria. Porque la figura que hoy provoca protestas, cuestionamientos y debates dentro de la UPR no nació en ese espacio. Su recorrido público comenzó desde otros lugares muy distintos, algunos incluso admirables.
Zayira Jordán Conde posee una preparación académica sólida. Su formación en periodismo, antropología y tecnología la colocó durante años dentro de una generación de profesionales que apostaba por conectar innovación, educación y justicia social. Su perfil no surgió desde la política tradicional, sino desde el mundo académico y tecnológico. Y eso, en un país agotado de figuras recicladas del poder partidista, llamó la atención de muchos sectores.
Uno de los proyectos más importantes vinculados a su nombre fue GuardDV, una iniciativa tecnológica diseñada para ayudar a sobrevivientes de violencia doméstica mediante herramientas de localización y alerta. En un país donde la violencia machista continúa arrebatando vidas, aquel proyecto representó una idea seria, moderna y necesaria. Sería injusto negar el valor de una propuesta que intentaba usar la tecnología como herramienta de protección y prevención.
Durante esos años, la imagen pública de Jordán Conde parecía alinearse con discursos de transformación social, inclusión y renovación institucional. Su entrada al Movimiento Victoria Ciudadana en 2020 fortaleció todavía más esa percepción. Para muchos, representaba el rostro de una nueva generación profesional que venía desde fuera de las estructuras tradicionales del poder político puertorriqueño.
Sin embargo, la percepción pública comenzó a cambiar rápidamente.
Su ruptura con el MVC no fue silenciosa ni discreta. Ocurrió públicamente y vino acompañada de declaraciones que generaron incomodidad, críticas y desconcierto. Jordán Conde afirmó haberse sentido utilizada dentro del movimiento y cuestionó sectores de la organización tras haber sido una de sus candidatas principales. Lo que inicialmente parecía una alianza política basada en principios terminó convirtiéndose en un episodio de fractura que alteró la manera en que muchas personas comenzaron a verla.
A partir de ese momento empezó a surgir una pregunta que todavía hoy acompaña su figura pública. ¿Quién es realmente Zayira Jordán Conde dentro del escenario político e institucional puertorriqueño?
Para algunos, su recorrido refleja capacidad de adaptación y evolución política. Para otros, comenzó a proyectar una imagen difícil de definir, marcada por cambios de discurso y nuevas alianzas que parecían incompatibles con sus posiciones anteriores.
El debate aumentó todavía más cuando comenzó a acercarse a sectores vinculados al Partido Nuevo Progresista y posteriormente al entorno político de Jenniffer González. Aquella transición sorprendió a personas que la habían visto como parte de una alternativa distinta al bipartidismo tradicional. Sus defensores hablan de madurez política. Sus críticos hablan de contradicción.
La llegada a Atlantic University fortaleció su perfil administrativo, pero fue su nombramiento como presidenta de la Universidad de Puerto Rico lo que terminó colocando su figura en el centro de una tormenta pública permanente.
Desde el inicio, su selección estuvo rodeada de resistencia universitaria. Sectores estudiantiles, docentes y sindicales cuestionaron el proceso, denunciaron falta de consenso y levantaron preocupaciones sobre politización dentro de la universidad pública. A eso se sumaron posteriormente conflictos administrativos, salidas de rectores, protestas estudiantiles y señalamientos sobre falta de diálogo institucional.
La discusión alrededor de Zayira Jordán Conde no parece agotarse porque su figura pública hoy representa mucho más que una presidencia universitaria. Para algunos sectores continúa siendo una académica preparada y una mujer capaz de abrirse camino dentro de espacios históricamente dominados por estructuras políticas tradicionales. Para otros, se ha convertido en el rostro de una administración distante, marcada por conflictos constantes y una desconexión cada vez más visible con la comunidad universitaria.
Y precisamente ahí aparece una de las preguntas más difíciles de ignorar.
Mientras los portones de la Universidad de Puerto Rico permanecen cerrados en distintos recintos y dependencias a lo largo y ancho del país, mientras estudiantes, sindicatos y diversos sectores universitarios exigen su salida, Zayira Jordán Conde insiste públicamente en que no renunciará. La crisis universitaria continúa creciendo en medio de un semestre paralizado, con incertidumbre sobre becas, fondos federales, investigaciones, empleos y el futuro inmediato de miles de estudiantes, profesores y trabajadores que dependen del principal sistema público universitario de Puerto Rico.
La pregunta ya no parece limitarse a quién tiene la razón dentro de este conflicto. La pregunta urgente es cuál será la salida. Porque mientras la confrontación administrativa y política se profundiza, Puerto Rico observa cómo una de sus instituciones más importantes permanece atrapada en un clima de tensión constante, sin señales claras de diálogo ni soluciones visibles a corto plazo.
Tal vez ahí se encuentra el verdadero desafío de cualquier figura pública que alcanza posiciones de poder. No basta con llegar. También hay que demostrar capacidad para escuchar, reconstruir confianza y evitar que las instituciones terminen pagando el precio de las crisis que nacen desde sus liderazgos.
