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Hay público, hay interés y un flujo constante de personas dispuestas a dejarse sorprender
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Regresar a Teatro en 15 siempre implica aceptar lo impredecible. Aunque llegué temprano, la respuesta del público fue mayor de lo esperado y solo pude ver tres de las seis producciones en cartelera. Más que un contratiempo, esto confirma el buen momento que vive el proyecto: hay público, hay interés y un flujo constante de personas dispuestas a dejarse sorprender. Esta visita quedó incompleta, pero las tres propuestas vistas bastaron para reafirmar la diversidad creativa que convive en esta edición.
A continuación, comparto las tres obras que pude ver, en el mismo orden en que las experimenté. Me encanta ese ejercicio tan propio de Teatro en 15: llegar a la sala asignada a la hora exacta, entrar a un espacio íntimo y encontrar a los actores y actrices ya dispuestos, esperando al público, para comenzar su historia de apenas quince minutos.
Maletas en Nochevieja (Sala 6), escrita y dirigida por Anamín Santiago, con las actuaciones de Anamín Santiago y Javier Pastrana, parte de una situación aparentemente simple: una resolución de fin de año que necesita cumplirse para hacerse realidad. Selma desea viajar en el nuevo año y quiere que su esposo, Cecilio, la acompañe en un pequeño ritual simbólico, pero él se resiste. A partir de ese conflicto mínimo, el texto articula una reflexión certera sobre las promesas incumplidas, el desgaste de las relaciones y la crueldad que puede esconderse en los gestos cotidianos.
Esta historia me tocó de cerca, ya que el ritual que Selma desea realizar es uno que practico cada despedida de año, como una forma personal de asegurar mis viajes en el año que comienza. Esa conexión íntima intensifica la experiencia, pero la propuesta no se queda en lo personal: incluye crítica social y crítica gubernamental, abordadas desde un lenguaje muy boricua y plenamente reconocible.
La cercanía del espacio fortalece el intercambio entre los personajes, y el texto encuentra potencia en lo no dicho, en las miradas y en la tensión que se acumula progresivamente hasta el cierre. La escenografía y los detalles de ambientación están cuidadosamente trabajados y aportan veracidad al momento escénico. En conjunto, se trata de un trabajo sólido que logra decir mucho desde lo cotidiano.
En Calle 43 en la esquina (Sala 5), escrita, dirigida y producida por Ariana Rivera, la mirada se desplaza hacia la nostalgia y la memoria colectiva. La acción se sitúa en el corazón de Coabey, en donde Don Celestino ha transformado su espacio en algo más que una tienda: un refugio para recuerdos, objetos olvidados y afectos compartidos. El elenco —Jamray N. Ortiz, Alvin Ortiz, Michael Rivera, Siul Valentín, Mariana Domenech, Amir Muriel, Yohjan Batista y María del Mar— funciona como un conjunto coral que da vida a ese microcosmos comunitario.
La propuesta conmueve sin recurrir al exceso, recordándonos lo que aún tenemos para celebrar y la importancia de preservar la memoria, especialmente en el contexto navideño. Destacan dos interpretaciones en particular: Jamray N. Ortiz, quien a su corta edad despliega una combinación encantadora de picardía y ternura que aporta frescura a la escena; y Michael Rivera, que construye a un hombre mayor con una credibilidad elocuente y logra transmitir la magia necesaria para sostener el tono nostálgico de la pieza.


En el plano técnico, la escenografía y el diseño de luces resultan especialmente efectivos para un espacio tan reducido, aportando profundidad visual y reforzando una atmósfera íntima y evocadora.
Por su parte, Préstame un poco de magia (Sala 4), escrita y dirigida por César Iván De León Cabezas, con producción de Melanie Flores y presentada por Tramoya Theatre, se inclina hacia la fantasía y el público familiar. La historia comienza cuando Santa Claus descubre que la esfera de los deseos se ha quedado sin magia, lo que lo obliga a buscar una solución junto a Natividad. José Santos interpreta a Santa Claus y Vanya Ortiz da vida a Natividad, acompañados por la presencia de los Reyes Magos y hasta el Grinch.
La pieza utiliza el imaginario navideño para hablar de la fe, la esperanza y la necesidad de creer, ofreciendo una experiencia ligera, cercana y cargada de espíritu festivo. Ambos intérpretes desbordan energía en escena y hacen un uso muy acertado de la voz, sosteniendo el ritmo y la atención del público durante todo el recorrido.
Merece especial mención el trabajo de escenografía y vestuario, sumamente efectivo para el tamaño de la sala. Cada detalle contribuye a la ilusión escénica, transportándonos directamente a lo que bien podrían ser las mismas oficinas de Santa Claus. ¡Bravo!
Estas tres propuestas, tan distintas en tono y enfoque, reflejan la riqueza del formato de Teatro en 15: historias breves, espacios íntimos y una variedad de voces que dialogan entre sí. Esta visita quedó incompleta, pero deja una promesa clara. Antes de que termine el mes, regresaré para ver las tres producciones restantes y completar el recorrido. En Teatro en 15, volver nunca es repetir: siempre es descubrir algo nuevo.
