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No se trata solo de recitar un libreto: la pieza requiere medir el pulso emocional de la audiencia, escucharla, provocarla y sostenerla
BAYAMÓN, Puerto Rico
Por Sirio A. Álvarez, Pride Society Magazine
Como parte del 4to. Festival de la Comedia, se presentó en el Teatro Braulio Castillo de Bayamón el monólogo ¿Que nosotros somos unos quéeee?, escrito y dirigido por Roberto Ramos-Perea, y protagonizado por el actor Joaquín Jarque. La trama gira en torno al Dr. Mario Pérez Casanova, un psicólogo contratado en una empresa en donde conviven hombres y mujeres. Semanas antes, la compañía había traído a una psicóloga que, según se comenta, ofreció una visión generalizada y desfavorable sobre los hombres. En respuesta —o como intento de equilibrio— el dueño de la empresa contrata ahora al Dr. Pérez Casanova, decisión que toma sin consultarlo con su esposa, responsable de la contratación inicial. El taller que el Dr. Pérez Casanova ofrece utiliza pantallas y material audiovisual para ilustrar las “verdades” que, según él, los hombres deben reconocer, aprender y revisar.
Durante el taller, el Dr. Pérez Casanova no se limita a exponer teorías o estadísticas: habla desde su propia vida. Comparte la relación con su madre, la dinámica entre sus padres y las tres historias de matrimonio que marcaron su vida antes de estar en ese escenario. Es desde esa vulnerabilidad —y no desde la autoridad académica— que intenta explicar las heridas, las defensas y los patrones que los hombres cargan. La pieza usa el humor para abrir espacio a la confesión, pero es la honestidad lo que sostiene el vínculo entre actor y público. La función se extiende por casi dos horas, pero no se sienten, gracias a la energía y el carisma de Jarque, quien domina el ritmo de la sala con precisión.




Y es precisamente aquí donde se entiende por qué esta obra tenía que ser interpretada por Joaquín Jarque. El texto exige un actor con recursos vocales amplios, control físico, presencia, humor natural y una capacidad de improvisación fina y respetuosa. No se trata solo de recitar un libreto: la pieza requiere medir el pulso emocional de la audiencia, escucharla, provocarla y sostenerla. Jarque tiene esa mezcla rara entre astucia escénica y cercanía humana. Su interpretación no se siente construida, sino vivida. Esa autenticidad permite que el público —mayormente femenino en la función que presencié— lo reciba y lo acompañe, incluso cuando el discurso toca fibras sensibles y contradicciones reconocibles.
Un momento lo demostró de manera contundente: sonó un teléfono celular en la sala. Jarque pausó su elocución, se dirigió a la persona con firmeza y respeto, recordó la importancia de apagar los celulares en el teatro, y retomó su discurso exactamente donde lo había dejado, sin perder ritmo, tono ni conexión. Esa soltura no se improvisa: se gana con oficio. Y sostener casi dos horas de escena en solitario con esa intensidad no es tarea menor. Fue un bravo de pie.
En el caso de Roberto Ramos-Perea, el sello está claro. Su dramaturgia no busca complacer ni suavizar. Él escribe para provocar, para incomodar, para poner a la audiencia frente a sus propias posiciones. Se le conoce por obras que pueden amararse o detestarse, pero nunca ignorarse. En sus textos suelen aparecer líneas de política, identidad, historia puertorriqueña y dinámica social. Aquí, la confrontación no es un accidente: es parte de la propuesta. ¿Que nosotros somos unos quéeee? se inscribe dentro de ese estilo. El tema es actual y sensible, y la obra lo presenta sin pedir permiso. Eso inevitablemente genera fricción — hacia un lado y hacia el otro — y en esa fricción es donde la pieza encuentra su fuerza.
En el plano técnico, la puesta se sostiene con precisión y coherencia: el diseño de luces y la escenografía de Israel Franco Muller crean la atmósfera adecuada para el tránsito emocional del monólogo, mientras la regiduría de Cybelle Delgado asegura que todo fluya con exactitud en escena. El maquillaje de Ángel Virella aporta naturalidad y presencia, y la música de Nicole Ortiz acompaña las transiciones sin subrayarlas en exceso. La producción a cargo de Joaquín Jarque y Aníbal Rubio para Acrópolis integra todos estos elementos con una claridad de enfoque: aquí, todo está al servicio del actor y de la palabra.
¿Que nosotros somos unos quéeee? es una propuesta dirigida a un público adulto, dispuesto a escuchar y a cuestionarse. No viene a dictar lecciones, sino a abrir conversaciones. Habla de heridas, culpas, prejuicios y responsabilidades compartidas, sin miedo a incomodar. Es una pieza que deja eco: uno sale del teatro con la risa aún fresca, pero también con la pregunta en la cabeza… ¿qué seguimos repitiendo sin darnos cuenta?
Este libreto y la actuación fueron grabados con público durante una función especial el pasado viernes. A partir de esa grabación, pueden surgir nuevas ventanas de exhibición, incluyendo posibles espacios en televisión o plataformas de suscripción. Todavía no se ha anunciado nada de manera oficial, pero estaremos atentos. Esta obra —por su tema, su discurso y la forma en que se entrega— tiene el potencial de continuar la conversación más allá del escenario.
