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Esta retirada podría tener consecuencias catastróficas y duraderas, justo cuando el mundo parecía estar al borde de erradicar la epidemia
WASHINGTON, DC
Servicios Combinados
La decisión del presidente Donald Trump de abandonar el financiamiento de programas como PEPFAR, clave en la lucha mundial contra el VIH y el sida, ha generado una ola de alarma entre científicos, médicos y defensores de la salud pública. Según alertan especialistas cercanos a estos esfuerzos, esta retirada podría tener consecuencias catastróficas y duraderas, justo cuando el mundo parecía estar al borde de erradicar la epidemia.
“Estamos retrocediendo a velocidad de la luz”, advirtió la doctora Leila Mansoor, científica principal del Centro para el Programa de Investigación del Sida (CAPRISA) en Durban, Sudáfrica. “Imaginamos que estaríamos en un mundo distinto ahora mismo, y en cambio todo se está desmoronando”.
La frustración del personal médico se agrava ante la ironía del momento: por primera vez en décadas, la comunidad científica vislumbraba avances sustanciales que podrían poner fin a la pandemia del VIH. Dos desarrollos recientes alimentaban ese optimismo: los ensayos de nuevas vacunas y la inyección preventiva de larga duración conocida como lenacapavir, que se administra dos veces al año y ha demostrado ser altamente efectiva.
Mansoor esperaba que el 2025 fuera un año para analizar datos de ensayos de prevención, preparar nuevos estudios y seguir de cerca el impacto del lenacapavir en la epidemia. En cambio, ahora se enfrenta a un escenario donde las tasas de infección comienzan a aumentar en países con alta prevalencia, y las existencias de medicamentos profilácticos —antes financiadas por PEPFAR— se agotan rápidamente en gran parte del continente africano.
La falta de financiamiento no solo frena tratamientos; también impide recopilar datos fiables. “Ni siquiera hay forma clara de medir el daño porque la recopilación de información dependía de fondos que ya no existen”, señalaron varios científicos.
En Sudáfrica, ensayos clínicos de vacunas con participantes listos para recibir su primera dosis han sido cancelados. Personal médico ha sido despedido y miles de dosis de vacunas han quedado abandonadas en refrigeradores de laboratorio hasta caducar.
Estados Unidos ha sido históricamente el mayor donante en la lucha global contra el VIH, aportando cerca de 6 mil millones de dólares anuales bajo el plan PEPFAR, establecido durante la presidencia de George W. Bush. Sin embargo, la administración Trump ha restringido estos fondos, limitando su alcance únicamente a mujeres embarazadas o lactantes, lo que representa apenas una fracción del apoyo financiero original.

Recortes similares han afectado al Fondo Mundial para la lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, otra iniciativa de gran impacto respaldada por EE. UU. El secretario de Estado Marco Rubio ha asegurado que Estados Unidos continuará apoyando tratamientos, pero ese apoyo ya no incluye a hombres seropositivos, personas LGBTQ+, distribución de condones ni medicamentos de prevención como la PrEP, excepto en el caso de mujeres en edad fértil.
La comunidad internacional se moviliza ahora para llenar el vacío financiero dejado por Estados Unidos y reactivar los esfuerzos de prevención y tratamiento. La farmacéutica Gilead Sciences, desarrolladora del lenacapavir, ha prometido suministrar dos millones de dosis del medicamento a “precio sin fines de lucro”. También ha otorgado licencias voluntarias para su fabricación a compañías genéricas en India y Egipto, con la expectativa de que una versión asequible esté disponible en 2027.
La Fundación Bill y Melinda Gates ha intensificado su compromiso, aunque mantiene cautela respecto a alianzas directas con grandes farmacéuticas. Trevor Mundel, presidente de salud global de la fundación, explicó que están trabajando para acelerar la producción genérica del lenacapavir y garantizarán compras a gran escala para motivar a los fabricantes.
La organización británica Children’s Investment Fund Foundation también se ha unido a los esfuerzos, comprometiendo 150 millones de dólares al Fondo Mundial para apoyar la distribución de lenacapavir.
Aun queda esperanza, según Peter Sands, director ejecutivo del Fondo Mundial, quien continúa presionando a legisladores en Washington para que reconsideren su postura. “Si queremos que los países asuman el liderazgo en su respuesta al VIH”, subrayó, “el lenacapavir nos da esa oportunidad”.
