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Un coro LGBTQ+ en Puerto Rico sería mucho más que una agrupación musical. Sería un espacio de memoria y sanación
SAN JUAN, Puerto Rico
Por Rev. Ignacio Estrada Cepero, para Pride Society Magazine
Puerto Rico ha parido poetas, trovadores, cantantes de todos los géneros, corales excelsas, voces que estremecen. Ha alzado su voz en la música para resistir, amar, recordar, soñar. Pero todavía no hemos escuchado algo que el corazón nos reclama hace tiempo: un coro LGBTQ+ que cante nuestra verdad.
No un coro de salón. No un acto de moda. Un coro de verdad. Un coro como los que han cambiado la historia en otras latitudes, como el San Francisco Gay Men’s Chorus o el Coro Diversitas en México. Un coro que no solo afine notas, sino también esperanzas. Un coro que no cante solo canciones, sino identidades. Un coro que no sea decoración, sino declaración.
Porque aquí, en esta tierra que sangra y canta a partes iguales, tenemos las voces, los pianistas, los arreglistas, los compositores, los soñadores. Lo que nos falta no es talento, es voluntad. Es un paso. Es alguien que diga: “vamos a hacerlo”.
Un coro LGBTQ+ en Puerto Rico sería mucho más que una agrupación musical. Sería un espacio de memoria y sanación para quienes han sido expulsados de los templos, silenciados en las aulas, ignorados en los medios, burlados en los hogares. Sería un refugio para quienes alguna vez pensaron que su voz no importaba. Sería un hogar nuevo, donde no se pide permiso para ser.
¿Te imaginas una presentación en el Teatro Tapia? ¿En el Conservatorio? ¿En Plaza Las Américas? ¿En el Festival de la Palabra? ¿En la ONU? ¿En una misa inclusiva? ¿Te imaginas la primera vez que se escuche una plena queer en armonía de cuatro voces? ¿Un bolero con letra trans? ¿Un himno de amor diverso que se vuelva himno de país?
La pregunta no es si podemos. La pregunta es: ¿qué estamos esperando?
Este llamado no es para los que cantan perfecto. Es para quienes todavía tienen algo que decir. Para quienes saben que afinar la voz también puede ser afinar el alma. Para quienes creen que el arte salva, une, transforma.
Puerto Rico no necesita importar modelos. Podemos crear el nuestro, con nuestra historia, con nuestro ritmo, con nuestra desobediencia hermosa. Podemos tejer voces desde Cabo Rojo hasta Fajardo, desde Loíza hasta Mayagüez. Podemos darle al mundo un coro caribeño, negrx, disidente, esperanzado. Podemos inventar una armonía nueva que suene a nosotros.
No estamos proponiendo un concierto, estamos proponiendo un movimiento. Una revolución coral. Un acto político y poético. Un abrazo colectivo a todas esas voces que alguna vez nos negaron. Una manera de decir: existimos, resistimos, cantamos.
Y si alguna vez ese coro canta en un escenario, que se sepa que empezó aquí: en una idea que se volvió posibilidad, en una esperanza que encontró garganta.
Puerto Rico tiene todo para levantar ese coro. Solo falta una cosa: atrevernos a dar la primera nota.

